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martes, 10 de abril de 2007

El azul del atardecer

El libro mas feo del mundo, el peor escrito, el más indigesto, literariamente hablando, puede, según la perspectiva resultar una sesión de psicología por 20 euros. Una fotografía tuya.
Y cuando acabas de leerlo, sin pensar si es bueno o malo, en lugar de guardarlo en la estantería lo subes al altar de tu memoria eterna.

“Hace tiempo, descubrió que vivía una serie de situaciones relativas: una estabilidad que a veces pende de un hilo, un equilibrio que nunca le ha inspirado demasiada confianza. Al fin y al cabo, un conjunto de incertidumbres que intenta apuntalar.

Hay una sensación de provisionalidad. Cualquier impresión resulta efímera, como un soplo de aire que se lleva los recuerdos, las imágenes, aquel deseo incipiente, no puede evitar que aparezca un rictus en su rostro.
Si se para a reflexionar no se siente mal por estas cosas, no tiene motivos. Aún así el rostro se le descompone durante un instante, el tiempo justo para descubrir una chispa de incertidumbre.

Reconoce que nunca ha tenido un espíritu aventurero; o quizás sí, hace mucho tiempo; tantos años que, con solo pensarlo se le encoge el corazón.

Aunque los pensamientos se empecinen en borrar los propios actos, nos queda el recuerdo de las palabras que dijimos. Ha sabido construirse paraísos de felicidad artificial que no le han durado demasiado, pero que le servían para ir tirando. Creerse una mentira es una manera de llegar a hacerla realidad. Se había creado un mundo de felicidad en minúsculas que nadie cuestionaba. El desencanto suele ser producto de una suma de minúsculas desilusiones.

El tiempo se para cuando no lo esperamos. La risa, tiene una curiosa musicalidad. Es difícil de describir pero sus sonidos perduran cuando ya no existen.

Era magnifico imaginar que la vida se puede escribir de nuevo.

- ¿Estás bien?
- Me falta aire.
- ¿Para respirar o para vivir?
- Para ambas cosas.

Recordaba el cielo de sus infantiles años le parecía de un azul imposible, la vida le recuperaba el cielo y el mar.

Cuando las mentiras no son imprescindibles, la vida es un logro. Hay historias que, si no se cuentan, parece que nunca han sucedido.

Pensó que desaparecer debía de ser dulce, cuando el aire nos hiela el aliento. Tener el corazón helado es una forma como otra cualquiera de empezar a morirse.
El final del trayecto es una incógnita.
Cuando vivimos obsesionados por el dolor prescindimos del resto de la gente.
Vivir con una sensación de absoluta transitoriedad: todo significaba un paréntesis, nada era definitivo.

La vida puede ser una moneda que se lanza al aire. No nos sirve optar por soluciones intermedias, porque la moneda nunca cae de canto.

Creía que las historias nunca terminan por completo. Nos acompañan como un regalo o un castigo, pero no se desvanecen como la niebla. Nos persiguen por los caminos de la memoria.

No es sencillo encontrar al interlocutor que pone las dosis justa de atención, de buena voluntad, de afecto. La persona que calla y que habla, que respeta los silencios, pero que no nos deja nunca sin respuesta. Una combinación casi imposible.

A veces te invade una sensación de impotencia, no hay nada justificable. Avances y retrocesos. Un nudo en el estomago dificulta la respiración. ¿Cuántos miedos tengo que vencer?, hay lágrimas que curan. Nuestros peores enemigos somos nosotros mismos.

La vida se aplaza cuando nos resulta incomoda.
Ha decidido morirse.

El pensamiento confuso cae en la contradicción mas profunda, la mala conciencia y la sorpresa en mayúsculas. Es sencillo dejar que alguien tome la iniciativa cuando navegas en un mar de dudas. Comprender que los ciclos del tiempo continuaban su rueda.
El tiempo no importa."


El final de un libro
Es un encuentro
Una separación definitiva
El principio del siguiente libro,
El principio de nuestra otra vida.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Todo es un momento, una duración de tiempo indeterminada…


No todo es como a veces pensamos; intentamos construir un mundo en el que damos cabida a demasiada gente y a demasiadas cosas materiales, lo llenamos de tal manera que a veces, casi sin darnos cuenta nos hemos quedado fuera y atados a estas circunstancias que nosotros mismos creamos.
De repente, como en un terremoto, estas cosas y estas personas nos empiezan a exigir, y ahora somos nosotros los que estamos a sus pies, en un universo que nos queda demasiado grande y en el que no encajamos.
No es fácil darse cuenta, no todo es nuevo, no todo es extraño, pero todo nos exige, ¿es así la vida?, muy distinta a la que aprendimos de pequeños.
No sé si pasa con frecuencia o es solamente el razonamiento ilógico de buscar una salida. ¿A quien no le ha ocurrido?, observas a alguien, un desconocido, y empiezas a imaginar como es su vida, tal vez sea feliz o tal vez no; en este momento casi me atrevo a afirmar (y esta palabra es demasiado fuerte para mí) que la felicidad no existe, nos encontramos con ella y la disfrutamos pero nos abandona, empañada por otros sentimientos que podemos escuchar o no, pero están ahí.
No pretendo tener razón, ni siquiera mantenerla durante mucho tiempo; todo es efímero, y a veces de una prolongación casi inexistente, en este momento estoy pensando que todo depende de cómo se mire, puede que sea así, y que no todo sea tan momentáneo; o tal vez los momentáneos somos nosotros mismos.